Reconocen libro sobre el capitán Dupaix como la mejor investigación en arqueología de 2016

*** Editado por el INAH y escrito por Leonardo López Luján, compila más de una década de investigación y difunde documentos inéditos vinculados con el viajero luxemburgués  ** Considerados fundacionales para la arqueología mexicana, los bocetos de Dupaix permiten identificar objetos prehispánicos resguardados por el INAH o instituciones extranjeras

 

“El capitán Guillermo Dupaix fue realmente un militar mediocre. Nunca participó en batalla y, según consta, todos sus superiores le describieron como alguien ‘de cierta valentía pero ninguna aplicación, con un carácter tan indiferente que le hacía poco útil’”, comenta enfático Leonardo López Luján, tras referir que el legado del expedicionista no está en su carrera castrense, sino en el lugar que ocupa en los inicios de la arqueología y la historia de arte en México.

Con un método similar al de este curioso personaje, quien “robaba tiempo de sus obligaciones oficiales para dedicarse a su verdadera afición: conocer ciudades antiguas y describir sus monumentos”, el arqueólogo y director del Proyecto Templo Mayor (PTM) ha usado sus horas libres de la última década para investigar y difundir figuras o episodios poco conocidos en la historia de esta disciplina.

Esta tarea le condujo en 2003 a los llamativos apuntes que Dupaix hizo de numerosas esculturas y urbes prehispánicas, así como a curar la exposición El capitán Dupaix y su álbum arqueológico de 1794, montada en el Museo Nacional Antropología (MNA) entre mayo y septiembre de 2015, y escribir un libro que ahonda en las vivencias de este viajero nacido en 1746 dentro del ducado de Luxemburgo (actual Bélgica) y avecindado desde 1791 en la Nueva España, hasta su muerte en 1818.

Reconocida por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) con el Premio Alfonso Caso, a la Mejor Investigación en Arqueología de 2016, que será entregado el próximo 10 de noviembre en el MNA, la publicación analiza y compara con espectaculares fotografías del proyecto Canon-MNA a cada uno de los 20 monumentos mesoamericanos registrados en dicho álbum, la mayoría recuperados de la antigua Tenochtitlan en el siglo XVIII, durante el auge urbanístico que impulsó el virrey Juan Vicente de Güemes, segundo conde de Revillagigedo.

El capitán Guillermo Dupaix y su álbum arqueológico de 1794 rememora igualmente las “correrías particulares” de un hombre que, por ejemplo, tuvo la orden de ir a Puebla en 1794 para el desempeño de una tarea militar, pero en vez de ello emprendió una expedición a las ruinas de Xochicalco, en Morelos, según se sabe por un cuadernillo de 32 páginas, el cual se desconocía hasta septiembre de 2014, cuando fue donado al INAH por los descendientes de Ignacio Bernal (1910-1992), miembro fundador y director de este mismo instituto.

Dado a conocer por primera vez en esta publicación, el anterior documento se acompaña del acta bautismal de Dupaix, consultada en los registros parroquiales de Vielsalm, Bélgica, e incluso de reportes militares de los archivos General de la Nación (AGN) y de Simancas, en España, a través de los cuales se sabe que el personaje viajó a la Nueva España para cubrir una vacante en el regimiento de dragones del virrey, o que su pasión anticuaria influyó para que le fuera negado su ascenso a teniente coronel, y el puesto de gobernador de la isla y presidio del Carmen, en Campeche.

Al respecto, López Luján subraya que si bien no era noble, Dupaix contó con un estatus lo suficientemente alto como para ingresar a los 21 años de edad en la Guardia de Corps del rey Carlos III; amenizar las tertulias del virrey de Iturrigaray gracias a su educación musical de violín y viola; y frecuentar a los más destacados intelectuales de aquella época.

Entre esas personalidades destacan el astrónomo Antonio León y Gama; el polímata Antonio Alzate y Ramírez; el oidor Ciriaco González de Carvajal; el religioso Benito Moxó e incluso el explorador Alexander von Humboldt, a quien Dupaix regaló sus dibujos y anotaciones de la escultura mexica conocida como Piedra de Tízoc.

“A diferencia de sus contemporáneos, quienes formaron grandes colecciones de códices y antigüedades en una época en que la escultura prehispánica había dejado de ser vista como idolátrica, Dupaix sólo realizó ilustraciones y anotaciones de las piezas a las que tuvo acceso en excavaciones de obra pública, o que conoció en gabinetes privados y galerías, como las de la Academia de San Carlos”.

Este museo de papel, cuyos dibujos eran bocetados por Dupaix y luego mejorados por pintores como José María Polanco, tiene un nivel de precisión suficiente para identificar en la actualidad distintas piezas bajo resguardo del INAH, otras que se encuentran en museos del extranjero, e incluso objetos cuyo paradero se desconoce, es el caso de una flauta polícroma que el anticuario registró en una casa de Coyoacán.

“Lo maravilloso de Dupaix es que recorre sitios como El Tajín, Palenque, Teotihuacan y Cantona, entre otros, y además realiza sus propias excavaciones”, menciona el arqueólogo del Templo Mayor respecto a un relieve de Tlaltecuhtli que el luxemburgués observó recién descubierto en el barrio de La Merced, y cuyos cráneos grabados confundió con elefantes, pues estaba convencido que tales animales eran comunes en la Nueva España en función de algunas osamentas de mamut que había desenterrado cerca de la Villa de Guadalupe, así como por una elefanta viva que vio en la Ciudad de México y “que seguramente perteneció a algún circo”.

Leonardo López Luján concluyó que parte de sus propias “correrías particulares” se encuentran en la inminente publicación de algunos documentos inéditos de Antonio León y Gama, así como en un texto que abordará las anotaciones, los dibujos y la historia detrás de los primeros viajes de Guillermo Dupaix, aquellos cuando entre 1782 y 1783, recorrió sitios arqueológicos como la Acrópolis de Atenas, el templo de Poseidón, en Paestum, o el obelisco de San Juan de Letrán y los leones egipcios del Capitolio, en Roma.

Crónica de una lectura de poesía y cuento en Casa de los Buendía

 

Le cuento que fue miércoles, fue 2 de noviembre --cuando la feria nos engorda con nueces y membrillos-- y fue en la casa de los Buendía, una casa de arte y librería en el centro de la ciudad de Colima, por la calle Reforma en el número 76; el colectivo Katharsis: (Mireya, Carlos, Scarlett y Rafa) nos compartieron su espacio.


No hubo chelas, pero sí topochicos, y jugos de durazno y manzana. Las cosas cambian, el tiempo es nostálgico. Últimamente me he preguntado cuándo la literatura de Colima podrá ser un referente para otros lugares, para otros escritores; luego exagero y pienso en los racimos próximos, (me contesto), porque el sueño se nutre y creo en eso de que despuntando alguien, seguirá un ramillete literario.


Los meses pasan y ahora se han realizando lecturas con escritores colimenses: mujeres y hombres que ya tienen camino en esto de la escritura, y se han abierto las puertas a quien se quiera sumar; algunos han leído con las serias ganas de leer, tranquilitos, otros han teatralizado y dirigen su tono como una lanza que entra por los oídos, otras han sido espontáneas y fenomenales, con ritmo o sin ritmo, incluso con aires rimbombantes, faroles.


También he pensado que últimamente la literatura en Colima sucede en las calles y en el silencio, poco a poquito, y los escritores oriundos de aquí no esperamos que llegue un salvador, (como siempre nos quieren acostumbrar a que nos salve de la ignominia) no queremos a ningún conquistador que dicte sus normas y se maquille los cachetes con ínfulas de saberlo todo, que nos haga a un lado y baje todo el recurso para su propio beneficio dictador.


En definitiva no queremos un Colón ni un Cortés. Queremos dialogar con la escritura contemporánea sin que nos hagan sentir grises e insignificantes. Aquí hay perspicacias y sabemos reconocer a nuestras vacas y a nuestros becerros. Somos pocos en Colima, pero somos los suficientes que deseamos salir adelante, por eso se hacen lecturas y se requiere el canto altísimo que pide atención: ¡ey, mírame, estoy aquí y quiero reclamar algo!


Por eso son importantes estas veladas lectoras, aunque haya muchachitas que cuenten-lean hasta sesenta y eso sea su poema --ridículo y estorboso--, aunque haya lumbalgias y ardores sentimentales, aunque sólo nos guste nuestra propia voz, ese enamoramiento por la música de nuestras palabras donde confiamos que vale la pena estar ahí; un insoportable día feriado, cuando le has dado vuelta a la página y en el fondo, todos sabemos que Netflix gobierna nuestra mente. Es necesario y muy importante seguir con la poesía y la narrativa, con las sillas y las mesas, con el rechinido de nuestros dientes y con la luz de nuestros celulares que toman fotos y exhiben felicidad.


Colima tiene para dar ese ramillete, en el fondo siento que lo lograremos, en el fondo, incluso con miedo y tristeza, auguro y profetizo el temporal de la escritura colimense. Hay más allá de esta ansiedad un gran deseo de grito y auxilio.

Ovaciona público al Ballet Folklórico de la UdeC, en el Teatro del Pueblo

*La multipremiada agrupación que dirige Rafael Zamarripa, se presentó con éxito en la Feria de Todos los Santos 2016, ante lo cual el rector José Eduardo Hernández Nava manifestó el orgullo de que este proyecto sea universitario y colimense.

 

Jueves, 03 de Noviembre de 2016.- Este martes por la noche, el Ballet Folklórico de la Universidad de Colima llenó de danza, color y música en vivo la Feria de Todos los Cantos Colima 2016, al presentarse en el Teatro del Pueblo ante un público que respondió con aplausos y ovaciones cada una de las coreografías que ejecutaron.

Entre la gradería de este ya tradicional espacio artístico, se pudo observar a niñas replicando los pasos de los bailarines así como a padres y madres de familia coreando los popurrís interpretados por el coro y el mariachi de esta agrupación universitaria.

El rector de la Universidad de Colima, José Eduardo Hernández Nava, quien estuvo presente durante el espectáculo, dijo en entrevista que el Ballet Folclórico que dirige el maestro Rafael Zamarripa demostró esa noche “por qué es una agrupación artística que representa un orgullo para los colimenses, logrando fama nacional e internacional”.

“El día de hoy nuestro ballet ofreció un recorrido importante por algunas de las coreografías más representativas de su repertorio, desde el clásico ‘Perro de fuego’ hasta cerrar con broche de oro bailando el ‘Son de la culebra’”, detalló el rector.

Hernández Nava añadió que esa noche el público quedó satisfecho con la entrega y pasión del cuerpo de baile, la vigorosa participación de los percusionistas en la coreografías con tema prehispánico, así como la interpretación musical del Mariachi de la Universidad de Colima y el Coro del Ballet.


Asimismo, dijo, “el Ballet Folklórico es uno de los grandes orgullos de nuestra casa de estudios, más ahora con el último galardón que recibieron, pues las Lunas del Auditorio Nacional fue un premio muy merecido, un reconocimiento más para un grupo que se ha convertido en embajador de la Universidad de Colima, de nuestro Estado y del país”.

Finalmente, en nombre de la institución, el rector José Eduardo Hernández Nava reiteró su reconocimiento a todos los integrantes del Ballet, por el reciente galardón que entrega el Auditorio Nacional a los artistas más destacados del país, y particularmente al maestro Rafael Zamarripa, quien ha sido el principal impulsor de este proyecto.

Sobre esta agrupación, el maestro y crítico de danza Alberto Dallal escribió que desde hace más de treinta años, este Ballet “ha ofrecido a sus espectadores nacionales e internacionales un concepto renovado de la danza folclórica sin eludir la expresividad regional, apoyándose en las más acuciosas y profundas investigaciones musicales, plásticas y de movimiento y organizando profesionalmente a bailarines y ejecutantes de la música, a técnicos, promotores y maestros”.

El arte como estrategia de divulgación científica

 

Santiago de Querétaro, Querétaro. 2016 (Agencia Informativa Conacyt).- El trabajo de divulgación requiere de la colaboración de artistas que, en sinergia con los especialistas en ciencia, puedan desarrollar proyectos conjuntos para la transmisión del conocimiento científico y tecnológico, aseguró el investigador emérito, académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fundador y expresidente de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica, A.C. (Somedicyt), Jorge Flores Valdés.


En el marco del XXI Congreso Nacional de Divulgación de la Ciencia y la Técnica “Comunicación pública de la ciencia en la era digital”, organizado por la Somedicyt en Querétaro, Flores Valdés expresó que la ciencia y el arte tienen similitudes importantes en lo que se refiere a su evolución.

“El arte, con el paso de los siglos, pasó de realista a abstracto; un ejemplo de ello es el pintor holandés Piet Mondrian y su evolución artística del paisajismo a la pintura abstracta. Al mismo tiempo que ocurría este movimiento en el arte, se dio algo similar en las ciencias, particularmente en la física; donde se comenzó a considerar situaciones, condiciones y conceptos cada vez más abstractos hasta llegar a la física cuántica. En ese sentido, la física pasó de lo ‘realista’, es decir, lo que está al alcance de nuestros sentidos, a algo que ya es mucho más difícil y lejano, como son los átomos, moléculas o núcleos atómicos”, aseguró.


Bajo esa premisa, destacó, se desarrollaron varios de los equipamientos del Museo de las Ciencias de la UNAM, Universum, que es uno de los 10 museos interactivos de ciencia más importantes del mundo creado en 1992 y del cual dirigió la conceptualización, diseño, construcción y operación.

"A partir de eso surgió la reflexión de que el pueblo mexicano tiene una gran tradición y sensibilidad artística, pero con carencias en la formación científica; por eso tratamos de generar equipamiento en donde se conjugaran la ciencia con el arte. Juntamos especialistas que tenían lenguajes diferentes en un proyecto en común; en los proyectos trabajaban museógrafos, pintores y escritores con los científicos, de quienes salieron proyectos muy interesantes”, recordó.

En ese sentido, el investigador emérito de la UNAM puntualizó que algo que también destacó a Universum desde su creación fue que gran parte de las piezas que se exponen son originales, elaboradas con la colaboración de investigadores interesados en el trabajo de divulgación.

“Normalmente los museos de ciencia en México y otras partes compran los equipamientos a otros museos de Estados Unidos o Reino Unido. Nosotros casi no hicimos ninguna compra, sino más bien, la colaboración de especialistas. Teníamos una gran molécula elaborada por escultores; en la entrada de la Sala de Matemáticas del Universum elaboramos un muro con mosaicos llamado La evolución de la simetría, que conforme va uno caminando la simetría del cuadro cambia, de la misma forma que cambia la simetría, gracias a la operación de ciertos factores físicos en un sistema; se buscó el diseño de otras obras para mostrar la simetría, anamorfosis, química de los colores, la razón áurea, entre otras”, abundó.

Jorge Flores Valdés consideró importante impulsar en el país políticas públicas que permitan una mayor integración del arte en las estrategias y proyectos de divulgación científica y tecnológica.

“Una política pública integrada por la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el propio Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) para favorecer este trabajo multidisciplinario (sería) por ejemplo, así como se lanza una convocatoria para proyectos de investigación, se convocara a grupos multidisciplinarios de científicos y artistas para elaborar piezas de ciencia-arte, que después fueran sometidas a concurso para que las propuestas ganadoras obtuvieran un apoyo y los trabajos pudieran ser expuestos en los centros de ciencia del país o algún museo. Sería un mecanismo muy práctico y, además, no muy costoso”, finalizó.

En volandas. Chomsky: “la lengua es el espejo del espíritu”

1 de 3 partes  Presentación y traducción: Rubén Carrillo Ruiz.


Ante la evasión conceptual que este mundo forzadamente globalizado impone, existe el imperativo de exhumar viejos textos que vuelvan a iluminar zonas del pensamiento. Tal es el caso de esta traducción, cuya versión original apareció hace 40 años en La Quinzaine Littéraire No. 153. Es una entrevista a Noam Chomsky, el lingüista e intelectual incómodo para las élites norteamericanas, involucradas en ese tiempo en la guerra de Vietnam. Como en Irak, Afganistán. Como siempre.


Más allá de apreciar la concepción política de Chomsky, me parece adecuado acercar este texto para que los ciudadanos reflexionen la importancia del lenguaje en cualquier zona. Es urgente que al idioma regrese el prestigio perdido por la turbulencia de acreditaciones de una calidad que nunca será tal sin el trato amistoso con el español.

H.P. Algunas críticas afirman que no se encuentra ninguna síntesis entre las dos partes de su libro. ¿Su concepción de la lengua y el tema que habla implica una opción política?


Noam Chomsky. Tiendo a aceptar esta crítica y creo que la síntesis entre mis concepciones lingüísticas y políticas no es posible. Si personalmente creo que el anarquismo o el socialismo libertario puede ser filosofía política adaptada a nuestra sociedad industrial moderna, eso es una convicción autónoma, como lo es, por otra parte, también mi concepción de la estructura de la lengua y la naturaleza del espíritu humano. No se trata, pues, nunca de un informe “lógico”. Tengo, sin embargo, el sentimiento de que no hay contradicciones tampoco, puesto que mis opiniones, en lingüística como en política, se basan en la tesis que corresponde a la esencia del hombre: buscar, crear, descubrir y realizar sus posibilidades en esfuerzos espontáneos y libres, justificados por fuerzas interiores. Cierto, la lengua corona la actividad del espíritu humano, pero la organización social también expresa esta misma creatividad libre.


H.P. Su actitud frente a la descripción empírica de la lengua y su adquisición es muy conocida. Con todo, en su libro, utiliza algunas observaciones del Russell empírico para apoyar su propia opinión. Cómo resume su pensamiento en este viejo debate: ¿empirismo contra mentalismo?


Noam Chomsky. Usted sabe qué parte importante de la psicología y lingüística contemporáneas es dominada por preconcepciones empíricas. Pienso que pueden ahora demostrar científicamente por qué esta posición puede fallar. Los empíricos creen finalmente que el espíritu humano es esencialmente informado y que la estructura interna innata de este espíritu no implica más que una potencia de asociación y una capacidad para sufrir procesos de aprendizaje, de tal modo que construya conceptos según algunas líneas de fuerza, por abstracción y generalización. Pienso que ponerse de manifiesto puede, de manera convincente, que no es posible simplemente describir los productos intelectuales del hombre, como, por ejemplo, su lengua, en términos de prácticas, asociaciones, proceso de aprendizaje.


La tradición alternativa, el racionalismo o el mentalismo, sí puede, ya que admite que, en el hombre, está presente un esquematismo intrínseco que determina su conocimiento y su palabra. Es la posición cartesiana, o mejor, kantiana; pienso que las últimas obras de Russell sobre las limitaciones del empirismo señalaban en la misma dirección. Yo mismo, en lingüística, intenté, a la luz del estudio de la lengua, localizar en el espíritu humano algunas condiciones universales del conocimiento y la palabra.