Continúa exposición “Creadoras clásicas y contemporáneas”, en la Pinacoteca

*El recinto universitario permanecerá abierto durante el periodo vacacional con horarios de martes a sábado, de 10:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 20:00 horas. **Se exhiben obras de Senorina Zamora, Ángela Betancourt, Lola Cueto, Sofía Bassi, Pancha Magaña, Martha Recordón, Mónica Saucedo y Sandra Uribe.

 


Viernes, 09 de Diciembre de 2016.- Desde su inauguración, el pasado mes de octubre en las salas de la Pinacoteca Universitaria, la exposición “Creadoras clásicas y contemporáneas” ha recibido a diversos grupos de estudiantes universitarios a través del intenso ciclo de visitas guiadas organizado por la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Universidad de Colima.

Durante estos recorridos, los estudiantes han tenido la oportunidad de contemplar y disfrutar obras que pertenecen al acervo universitario, y también de comprender cómo se desarrolló la propuesta curatorial del montaje, cuáles son los núcleos temáticos que ilustran las piezas, así como la trayectoria de las autoras de las piezas exhibidas.

Las visitas guiadas forman parte de las actividades de interpretación que la Pinacoteca y su curaduría ofrecen a los visitantes con el propósito de propiciar procesos de diálogo sobre el tema del arte y el género, así como mostrar, desde un enfoque crítico y reflexivo, la riqueza de la colección de arte perteneciente a nuestra Casa de Estudios, con obras de creadoras como Senorina Zamora, Ángela Betancourt, Lola Cueto, Sofía Bassi, Pancha Magaña, Martha Recordón, Mónica Saucedo y Sandra Uribe.

Junto a las obras del acervo universitario, los estudiantes también han podido apreciar piezas de artistas invitadas que se encuentran en activo como parte de la comunidad artística local, entre ellas Azucena Ibarra, Elena Fabela, Edisa Águila, Estíbaliz Valdivia, Patricia Montiel y Claudia Aparicio, con el fin de propiciar un diálogo de afinidades o divergencias entre planteamientos, prácticas y propuestas de producción técnica y de exploración estética, emotiva o reflexiva.

Con un amplio registro de visitas, esta semana concluyó el Ciclo de Recorridos Guiados a cargo de Tita Ochoa, curadora de la muestra. Sin embargo, la temporada de exhibición continúa hasta finales del próximo mes de enero, por lo que se invita a todo el público para que visite y disfrute de esta propuesta expositiva, así como de otros montajes que albergan las salas de este museo universitario.

La Pinacoteca Universitaria permanecerá abierta durante el periodo vacacional con horarios de martes a sábado, de 10:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 20:00 horas.

Reconoce la UNESCO a La Charrería como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

*** La Secretaría de Cultura, a través del lnstituto Nacional de Antropología e Historia y la Asociación Nacional de Charros iniciaron las gestiones en marzo de 2013    *** El nombramiento consolida un amplio e incluyente Plan de Salvaguardia, preservación, difusión y desarrollo del patrimonio cultural que se le asocia

 

 

Luego de un proceso de elaboración y evaluación de más de tres años y gracias a las gestiones realizadas por la Secretaría de Cultura del Gobierno de la República a través del lnstituto Nacional de Antropología e Historia y de la Asociación Nacional de Charros, AC, “La Charrería, tradición ecuestre en México” fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés), lo que lo convierte en la octava manifestación viva de México que recibe esta distinción.

 

La decisión se tomó durante la 11a Sesión del Comité lntergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial en Addis Abeba, Etiopía, realizada del 28 de noviembre al 2 de diciembre del año en curso. La inscripción se logra después del voto positivo unánime de los 24 miembros que actualmente conforman el Comité: Austria, Chipre, Turquía, Armenia, Bulgaria, Hungría, Colombia, Cuba, Guatemala, Santa Lucía, Afganistán, India, Mongolia, Filipinas, República de Corea, Congo, Costa de Marfil, Etiopía, Mauricio, Senegal, Zambia, Argelia, Líbano y Palestina.

 

El expediente, resultado de una amplia investigación documental y de campo, describe a la charrería como una tradición ecuestre, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI cuando, a raíz del establecimiento y auge de las haciendas ganaderas en el centro y norte de México, surge la necesidad de convivencia entre los vaqueros de las diferentes fincas que se reunían para inventariar y marcar el ganado de cada propiedad, convirtiendo las faenas de campo en motivo de coexistencia y articulación social, siendo éste el origen de una escuela ecuestre mexicana que permitió manejar el ganado mientras se montaba a caballo y que se distinguía, entre otras cosas, por el uso de la silla de montar y la reata, utensilio esencial para lanzar al ganado.

 

Uno de los documentos más importantes que integran el expediente oficial presentado a la UNESCO, es el Plan de Salvaguardia, elaborado por la Asociación Nacional de Charros, en conjunto con representantes de la comunidad, y el respaldo de los gobiernos de Jalisco, el Estado de México y la Ciudad de México, que incluye medidas como la creación de un Conservatorio de la Charrería, conformado por diversas instancias gubernamentales, académicas y de la sociedad civil, como la misma Asociación Nacional de Charros, la Secretaria de Cultura, la Secretaria de Turismo, los institutos de investigaciones Históricas, Estéticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Federación Mexicana de Charrería, y los institutos mexicanos de la Juventud y para la Mujer.

 

De este modo culmina exitosamente el esfuerzo iniciado en marzo de 2013, con el envío a la UNESCO del expediente de “La Charrería, tradición ecuestre en México”, realizado a iniciativa de la Asociación Nacional de Charros, con la participación de los actores principales de la celebración identificados y diversas instituciones regionales (municipales, estatales y federales), vía la Dirección de Patrimonio Mundial del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la Comisión Mexicana de Cooperación con la UNESCO (CONALMEX) y la Oficina de México ante la UNESCO.

“La Balada del Oppenheimer Park” y “Epitacia: palabra viva”, entre las ganadoras del Festival Zanate

 


Colima, México, Avanzada (28/11/2016).- “La Balada del Oppenheimer Park”, de Juan Manuel Sepúlveda, fue la película ganadora del Gran Premio del Festival Zanate de Cine Documental Mexicano, cuya novena edición concluyó el fin de semana en esta ciudad.


El jurado estuvo conformado por Mauricio Godoy, director del Festival Internacional de no Ficción Transcinema, de Perú; Cristina Bringas, directora del Festival Documenta Querétaro, y Paulina Sánchez, directora de “Hotel de Paso”, película ganadora del Gran Premio Zanate el año anterior.


En su dictamen, el jurado decidió premiar a “La Balada del Oppenheimer Park” porque “mediante una propuesta clara y contemplativa del espacio, el director representa la realidad de muchas comunidades, que viven día a día la violencia que el sistema les ha generado, un conflicto ancestral sobre la opresión versus la resistencia, un retrato cercano y crudo del futuro que pareciera nos tocará vivir”.


Así mismo, otorgó un reconocimiento especial al documental “Pies ligeros”, de Juan Carlos Núñez —que también obtuvo el premio del público—, y una mención especial a “Margarita”, de Bruno Santamaría.


En la ceremonia, realizada en la Pinacoteca Universitaria después de la proyección de la película invitada "Tempestad", de Tatiana Huezo, fue entregado también el premio Zanate Colima al documental “Epitacia: palabra viva”, de Massiel Hernández García, “por su valor y compromiso social al reconocer la importancia de la mujer en el desarrollo de las comunidades, por colocar las problemáticas medioambientales provocadas por el voraz capitalismo y por generar un vínculo a partir de la exploración biográfica”.


En otras categorías, el premio Zanate Universitario fue para “Uriel y Jade”, de Jorge Eduardo Esquivel, “por explorar de una manera Íntima y emotiva el universo personal de un joven indígena en conflicto entre su identidad y la comunidad heteronormativa donde vive”. Recibió mención especial “Lirio Mendoza”, de Alfredo Padilla y Marta Violante.


Así mismo, el premio Zanate de corto/mediometraje fue para “Aurelia y Pedro”, de Omar Robles y José Permar, “por acercar de una forma conmovedora a una pequeña familia en la montañas de la sierra al oeste de México a partir del retrato contemplativo de su cotidianeidad y su relación con su entorno. La mención especial de esta categoría fue otorgada a “El mineral o la vida”, de José Luis Matías.


En el segundo Reto Doc Zanate, que consistió en realizar un documental en un plazo de 100 horas, el premio fue para “Odisea Cinema 2001”, elaborado por el equipo que conformaron Salvador Ochoa y Lucía Araiza, entre otros.


El jurado reconoció la calidad de los 25 documentales participantes en esta edición del Festival Zanate y felicitó a cada uno de los realizadores “por seguir abordando la realidad y luchando por evidenciar aquello que la historia ha preferido ocultar”.


Entrevistado al finalizar el acto de clausura, el director de Zanate, Carlos Cárdenas Aguilar, se mostró satisfecho con los resultados, pues “tuvimos un gran festival, con todo lo complejo que es tener siete días de proyecciones: hemos tenido películas increíbles, creo que la gente logró compenetrarse con las películas y disfrutarlas”.


De acuerdo con el también realizador, el festival “sigue fiel a lo que siempre ha sido: un espacio de diálogo, un cine incluyente alejándonos de cualquier pretensión de alfombra roja, por eso somos un festival de documental”.


Cárdenas Aguilar señaló que una vez concluida la novena edición de este festival se realizará un balance de los resultados obtenidos hasta ahora, para empezar a planear el del siguiente año en que se cumple la primera década.


La tendencia es crecer, pero en calidad más que en tamaño, “Zanate siempre seguirá siendo este festival íntimo”, dijo.


“Hay muchas ideas, pero sobre todo tendremos actividades a lo largo de todo el año pues hemos entendido que adquirimos un compromiso no sólo con la exhibición, sino también con la formación y la producción, además de los formatos de itinerancia y los circuitos alternativos de exhibición a lo largo del estado”, concluyó.

Se espera una competencia “muy reñida” en el festival de cine Zanate, dice su director

 


Colima, México, Avanzada (22/11/2016).- Con un total de 27 películas programadas en cartelera, arrancó en esta ciudad la novena edición del Festival de Cine Documental Mexicano Zanate, que este año creció en su número de proyecciones porque “en México se produce muy buen cine documental”, dijo su director y fundador, Carlos Cárdenas Aguilar.


Así mismo, añadió, “al ser un festival especializado sentimos también la responsabilidad de ser un foro”, pues “si en este país exhibir cine mexicano es difícil, exhibir cine documental mexicano es casi un milagro, entonces también tenemos un compromiso en ese sentido”.


En entrevista, el realizador colimense indicó que conforme a la calidad de las producciones que serán exhibidas “se espera una competencia muy reñida, pero afortunadamente esto es cosa del jurado y nosotros nos lavamos las manos; hay películas increíbles en cada competencia, creo que los jueces la van a tener muy difícil, sobre todo porque una cosa que cuidamos con la programación fue que haya el espectro más amplio posible, que cada película tenga lo suyo”.


Cárdenas Aguilar abundó que entre las películas de esta edición del festival hay temas desde sociales y militantes hasta cuestiones de personajes donde el público va a reír. “Yo no puedo prometer que todas las películas van a gustar a todos, porque afortunadamente el cine es subjetivo, pero lo que sí puedo asegurar es que ninguna va a dejar al espectador indiferente”.


El festival inició con la exhibición de la película invitada “El hombre que vio demasiado”, dirigida por Trisha Ziff, sobre la vida y obra del fotógrafo de nota roja Enrique Metinides, ganadora recientemente del Ariel al mejor documental. En la clausura, el próximo sábado, se proyectará el también documental invitado “Tempestad”, de Tatiana Huezo.


A lo largo de esta semana, diez películas competirán por el Gran Premio Zanate: “El remolino”, de Laura Herrero Garvín; “El buen cristiano”, de Izabel Acevedo; “Dios nunca muere”, de Roberto Olivares y Diego Osorno; “Pies ligeros”, de Juan Carlos Núñez; “Nararachi”, de Susana Bernal; “Margarita”, de Bruno Santamaría; “La historia negra del cine mexicano”, de Andrés García; “Las letras”, de Pablo Chavarría; “La balada de Oppenheimer Park”, de Juan Manuel Sepúlveda, y “El charro de Toluquilla”, de José Villalobos.


Además, seis documentales compiten por el premio Zanate Universitario; cinco por el Zanate Corto/Medio Metraje y cuatro por el Zanate Colima. Entre otras actividades dentro del festival se encuentra la segunda edición del Reto Doc Zanate, en el que tres equipos participan en un desafío de realizar un documental en un plazo de cien horas.
Como parte de la vertiente de formación, están programados dos conversatorios con las temáticas “Lo autobiográfico en el documental” y “La no ficción”, con la participación, entre otros, del documentalista peruano Mauricio Godoy.


Carlos Cárdenas comentó que por tratarse de un festival muy especializado, de cine documental, Zanate ha crecido poco a poco y los organizadores continúan trabajando en la formación de público.


“Afortunadamente —mencionó— la gente llega, llena las salas, es muy bonito, pero la expectativa es crecer en número de espectadores para poder tener más foros de exhibición para el cine documental y afianzar estos proyectos que tenemos en cuestión de formación y de producción”.


Precisó que si bien son pocas las películas que se programan, a diferencia de otros festivales se programan sólo una sola vez y “nosotros no empalmamos ninguna función, lo que hace que tengamos una menor cantidad, pero que la gente las puede disfrutar y eso ha hecho que cada función se vuelva muy especial; cada año ha ido creciendo el número de asistentes y esperamos que este año no sea la excepción”.


De acuerdo con Cárdenas Aguilar, el festival Zanate “empieza a quedar chico, pero como tiene un formato muy específico nos ha hecho empezar a mutar otro tipo de proyectos: el festival es el producto estrella, pero el año pasado empezamos a diversificar otros proyectos como la Caravana Zanate, que es la itinerancia del festival en otras épocas del año, con la presentación en plazas públicas, pueblos y colonias; tenemos también la Zanateca, que es un espacio de exhibición continua, y ofrecemos tres o cuatro talleres al año para estar formando a la gente en ese sentido”.

Las zonas indígenas de México enfrentan nuevas realidades

*** Estas situaciones están condicionadas por factores como la migración, la diferenciación social que produce el acceso a la educación y el impacto del ambientalismo  *** Durante tres días, los 19 equipos que integran el Proyecto Etnografía de las Regiones Indígenas de México en el Nuevo Milenio del INAH, expusieron avances en sus estudios

 

En México puede hablarse de una nueva etnicidad, de nuevas realidades en zonas tradicionalmente indígenas, condicionadas por una serie de factores que van de la migración y la diferenciación social que produce un acceso cada vez mayor a la educación, al impacto del ambientalismo y de los cambios en políticas gubernamentales, como han observado los equipos de investigación que integran el Proyecto Etnografía de las Regiones Indígenas de México en el Nuevo Milenio.

 

Durante tres días, más de 90 investigadores que conforman los 19 equipos regionales de esta iniciativa del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), surgida hace 18 años para obtener una “radiografía” de los mundos indígenas del país, dieron a conocer los avances de la línea de estudio más reciente dedicada a la Diversidad cultural, discriminación y desigualdad social, en la Coordinación Nacional de Antropología, al sur de la Ciudad de México.

 

Al hacer un balance de los casos expuestos, el antropólogo Luis Reygadas Robles, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, comentó que existen al menos tres ejes transversales en los que estos coinciden. El primero de ellos es cómo estas nuevas etnicidades, “estos procesos de transformación profunda tienen efectos en términos de igualdad-desigualdad, exclusión-inclusión” dentro de los grupos.

 

Un segundo aspecto sería determinar la manera en que dichos procesos pasan por una redefinición de lo indígena, algo que incluso tiene efectos al momento de determinar quiénes pueden o no recibir un apoyo de tipo gubernamental; o las posibilidades que ofrece la expedición de una ley que aminore las brechas que —como sujetos de derecho— antes tenían con respecto a la población mestiza.

 

“En estos casos de estudio todo pasa por el tamiz de lo étnico, por cómo se concibe lo indígena, lo mestizo, y la relación entre ellos. Esto lo vemos en el papel que desempeña el sistema de cargos, concretamente en Oaxaca; mientras en la Huasteca pasa por estas comparaciones sobre si los maestros tepehuas ahora tienen actitudes similares a las de los mestizos, etcétera.

 

“No es una desigualdad a secas, sino filtrada por la dimensión étnica y por algunas instituciones de los pueblos indígenas que acentúan, matizan, contrarrestan o no, estos proceso de desigualdad”, señaló el profesor-investigador del Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana.

 

El doctor en Ciencias Antropológicas hizo hincapié en que estos procesos tienen muchos factores ambivalentes. Si décadas atrás, los estudios arrojaban un claro abuso de parte del mestizo hacia el indígena, ahora no está claro quién discrimina a quién, o quién se queda rezagado en la escala social.

 

“Por ejemplo, en Oaxaca tenemos que los migrantes trasnacionales cuando arriban a su lugar de origen, pueden discriminar, hacer una ostentación de sus recursos económicos en la construcción de sus casas, ir a los jaripeos, comprar cabezas de ganado. No obstante, también se les puede impedir que entierren a sus muertos en el cementerio o está la imposibilidad de ocupar cargos públicos.”

 

Mencionó que tal como presentó el Equipo regional Querétaro, en dicha entidad, comunidades indígenas de varios municipios que son beneficiadas con programas de apoyo, se ven en la disyuntiva de que los “mestizos” también quieren acceder a los mismos buscando su reconocimiento como “indígenas”.

 

“En algunos casos sigue la vieja distinción, la vieja fractura social de las desventajas de la población indígena, pero es más complejo. En el caso de los tepehuas, el capital educativo de los maestros les permite obtener un bien muy preciado en estos días: contar con una plaza, con un sueldo fijo, que además les proporciona un prestigio; de manera que en algunas cosas pueden equipararse a los mestizos, mas no en otras. Es bastante paradójico”.

 

Luis Reygadas Robles, quien ha coordinado varios libros sobre los efectos de la globalización en ámbitos locales, la precarización del empleo y la desigualdad en México, dijo que algunas acciones reducen la desigualdad en un sentido y la incrementan en otro.

 

Para ejemplificar lo anterior, citó que si bien el acceso a apoyos gubernamentales de cualquier tipo por parte de grupos indígenas reduce un poco su brecha de ingreso con respecto a la media nacional, genera a su vez una diferenciación dentro del mismo grupo social, entre quienes cuentan con esa ayuda y quienes no.

 

Concluyó que para los antropólogos sociales, etnógrafos y etnólogos, como analistas de estas nuevas etnicidades, esta ambigüedad es fascinante y los estudios podrán arrojar luces sobre las dimensiones simbólicas de procesos tan complejos.