“La Balada del Oppenheimer Park” y “Epitacia: palabra viva”, entre las ganadoras del Festival Zanate

 


Colima, México, Avanzada (28/11/2016).- “La Balada del Oppenheimer Park”, de Juan Manuel Sepúlveda, fue la película ganadora del Gran Premio del Festival Zanate de Cine Documental Mexicano, cuya novena edición concluyó el fin de semana en esta ciudad.


El jurado estuvo conformado por Mauricio Godoy, director del Festival Internacional de no Ficción Transcinema, de Perú; Cristina Bringas, directora del Festival Documenta Querétaro, y Paulina Sánchez, directora de “Hotel de Paso”, película ganadora del Gran Premio Zanate el año anterior.


En su dictamen, el jurado decidió premiar a “La Balada del Oppenheimer Park” porque “mediante una propuesta clara y contemplativa del espacio, el director representa la realidad de muchas comunidades, que viven día a día la violencia que el sistema les ha generado, un conflicto ancestral sobre la opresión versus la resistencia, un retrato cercano y crudo del futuro que pareciera nos tocará vivir”.


Así mismo, otorgó un reconocimiento especial al documental “Pies ligeros”, de Juan Carlos Núñez —que también obtuvo el premio del público—, y una mención especial a “Margarita”, de Bruno Santamaría.


En la ceremonia, realizada en la Pinacoteca Universitaria después de la proyección de la película invitada "Tempestad", de Tatiana Huezo, fue entregado también el premio Zanate Colima al documental “Epitacia: palabra viva”, de Massiel Hernández García, “por su valor y compromiso social al reconocer la importancia de la mujer en el desarrollo de las comunidades, por colocar las problemáticas medioambientales provocadas por el voraz capitalismo y por generar un vínculo a partir de la exploración biográfica”.


En otras categorías, el premio Zanate Universitario fue para “Uriel y Jade”, de Jorge Eduardo Esquivel, “por explorar de una manera Íntima y emotiva el universo personal de un joven indígena en conflicto entre su identidad y la comunidad heteronormativa donde vive”. Recibió mención especial “Lirio Mendoza”, de Alfredo Padilla y Marta Violante.


Así mismo, el premio Zanate de corto/mediometraje fue para “Aurelia y Pedro”, de Omar Robles y José Permar, “por acercar de una forma conmovedora a una pequeña familia en la montañas de la sierra al oeste de México a partir del retrato contemplativo de su cotidianeidad y su relación con su entorno. La mención especial de esta categoría fue otorgada a “El mineral o la vida”, de José Luis Matías.


En el segundo Reto Doc Zanate, que consistió en realizar un documental en un plazo de 100 horas, el premio fue para “Odisea Cinema 2001”, elaborado por el equipo que conformaron Salvador Ochoa y Lucía Araiza, entre otros.


El jurado reconoció la calidad de los 25 documentales participantes en esta edición del Festival Zanate y felicitó a cada uno de los realizadores “por seguir abordando la realidad y luchando por evidenciar aquello que la historia ha preferido ocultar”.


Entrevistado al finalizar el acto de clausura, el director de Zanate, Carlos Cárdenas Aguilar, se mostró satisfecho con los resultados, pues “tuvimos un gran festival, con todo lo complejo que es tener siete días de proyecciones: hemos tenido películas increíbles, creo que la gente logró compenetrarse con las películas y disfrutarlas”.


De acuerdo con el también realizador, el festival “sigue fiel a lo que siempre ha sido: un espacio de diálogo, un cine incluyente alejándonos de cualquier pretensión de alfombra roja, por eso somos un festival de documental”.


Cárdenas Aguilar señaló que una vez concluida la novena edición de este festival se realizará un balance de los resultados obtenidos hasta ahora, para empezar a planear el del siguiente año en que se cumple la primera década.


La tendencia es crecer, pero en calidad más que en tamaño, “Zanate siempre seguirá siendo este festival íntimo”, dijo.


“Hay muchas ideas, pero sobre todo tendremos actividades a lo largo de todo el año pues hemos entendido que adquirimos un compromiso no sólo con la exhibición, sino también con la formación y la producción, además de los formatos de itinerancia y los circuitos alternativos de exhibición a lo largo del estado”, concluyó.

Se espera una competencia “muy reñida” en el festival de cine Zanate, dice su director

 


Colima, México, Avanzada (22/11/2016).- Con un total de 27 películas programadas en cartelera, arrancó en esta ciudad la novena edición del Festival de Cine Documental Mexicano Zanate, que este año creció en su número de proyecciones porque “en México se produce muy buen cine documental”, dijo su director y fundador, Carlos Cárdenas Aguilar.


Así mismo, añadió, “al ser un festival especializado sentimos también la responsabilidad de ser un foro”, pues “si en este país exhibir cine mexicano es difícil, exhibir cine documental mexicano es casi un milagro, entonces también tenemos un compromiso en ese sentido”.


En entrevista, el realizador colimense indicó que conforme a la calidad de las producciones que serán exhibidas “se espera una competencia muy reñida, pero afortunadamente esto es cosa del jurado y nosotros nos lavamos las manos; hay películas increíbles en cada competencia, creo que los jueces la van a tener muy difícil, sobre todo porque una cosa que cuidamos con la programación fue que haya el espectro más amplio posible, que cada película tenga lo suyo”.


Cárdenas Aguilar abundó que entre las películas de esta edición del festival hay temas desde sociales y militantes hasta cuestiones de personajes donde el público va a reír. “Yo no puedo prometer que todas las películas van a gustar a todos, porque afortunadamente el cine es subjetivo, pero lo que sí puedo asegurar es que ninguna va a dejar al espectador indiferente”.


El festival inició con la exhibición de la película invitada “El hombre que vio demasiado”, dirigida por Trisha Ziff, sobre la vida y obra del fotógrafo de nota roja Enrique Metinides, ganadora recientemente del Ariel al mejor documental. En la clausura, el próximo sábado, se proyectará el también documental invitado “Tempestad”, de Tatiana Huezo.


A lo largo de esta semana, diez películas competirán por el Gran Premio Zanate: “El remolino”, de Laura Herrero Garvín; “El buen cristiano”, de Izabel Acevedo; “Dios nunca muere”, de Roberto Olivares y Diego Osorno; “Pies ligeros”, de Juan Carlos Núñez; “Nararachi”, de Susana Bernal; “Margarita”, de Bruno Santamaría; “La historia negra del cine mexicano”, de Andrés García; “Las letras”, de Pablo Chavarría; “La balada de Oppenheimer Park”, de Juan Manuel Sepúlveda, y “El charro de Toluquilla”, de José Villalobos.


Además, seis documentales compiten por el premio Zanate Universitario; cinco por el Zanate Corto/Medio Metraje y cuatro por el Zanate Colima. Entre otras actividades dentro del festival se encuentra la segunda edición del Reto Doc Zanate, en el que tres equipos participan en un desafío de realizar un documental en un plazo de cien horas.
Como parte de la vertiente de formación, están programados dos conversatorios con las temáticas “Lo autobiográfico en el documental” y “La no ficción”, con la participación, entre otros, del documentalista peruano Mauricio Godoy.


Carlos Cárdenas comentó que por tratarse de un festival muy especializado, de cine documental, Zanate ha crecido poco a poco y los organizadores continúan trabajando en la formación de público.


“Afortunadamente —mencionó— la gente llega, llena las salas, es muy bonito, pero la expectativa es crecer en número de espectadores para poder tener más foros de exhibición para el cine documental y afianzar estos proyectos que tenemos en cuestión de formación y de producción”.


Precisó que si bien son pocas las películas que se programan, a diferencia de otros festivales se programan sólo una sola vez y “nosotros no empalmamos ninguna función, lo que hace que tengamos una menor cantidad, pero que la gente las puede disfrutar y eso ha hecho que cada función se vuelva muy especial; cada año ha ido creciendo el número de asistentes y esperamos que este año no sea la excepción”.


De acuerdo con Cárdenas Aguilar, el festival Zanate “empieza a quedar chico, pero como tiene un formato muy específico nos ha hecho empezar a mutar otro tipo de proyectos: el festival es el producto estrella, pero el año pasado empezamos a diversificar otros proyectos como la Caravana Zanate, que es la itinerancia del festival en otras épocas del año, con la presentación en plazas públicas, pueblos y colonias; tenemos también la Zanateca, que es un espacio de exhibición continua, y ofrecemos tres o cuatro talleres al año para estar formando a la gente en ese sentido”.

Las zonas indígenas de México enfrentan nuevas realidades

*** Estas situaciones están condicionadas por factores como la migración, la diferenciación social que produce el acceso a la educación y el impacto del ambientalismo  *** Durante tres días, los 19 equipos que integran el Proyecto Etnografía de las Regiones Indígenas de México en el Nuevo Milenio del INAH, expusieron avances en sus estudios

 

En México puede hablarse de una nueva etnicidad, de nuevas realidades en zonas tradicionalmente indígenas, condicionadas por una serie de factores que van de la migración y la diferenciación social que produce un acceso cada vez mayor a la educación, al impacto del ambientalismo y de los cambios en políticas gubernamentales, como han observado los equipos de investigación que integran el Proyecto Etnografía de las Regiones Indígenas de México en el Nuevo Milenio.

 

Durante tres días, más de 90 investigadores que conforman los 19 equipos regionales de esta iniciativa del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), surgida hace 18 años para obtener una “radiografía” de los mundos indígenas del país, dieron a conocer los avances de la línea de estudio más reciente dedicada a la Diversidad cultural, discriminación y desigualdad social, en la Coordinación Nacional de Antropología, al sur de la Ciudad de México.

 

Al hacer un balance de los casos expuestos, el antropólogo Luis Reygadas Robles, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, comentó que existen al menos tres ejes transversales en los que estos coinciden. El primero de ellos es cómo estas nuevas etnicidades, “estos procesos de transformación profunda tienen efectos en términos de igualdad-desigualdad, exclusión-inclusión” dentro de los grupos.

 

Un segundo aspecto sería determinar la manera en que dichos procesos pasan por una redefinición de lo indígena, algo que incluso tiene efectos al momento de determinar quiénes pueden o no recibir un apoyo de tipo gubernamental; o las posibilidades que ofrece la expedición de una ley que aminore las brechas que —como sujetos de derecho— antes tenían con respecto a la población mestiza.

 

“En estos casos de estudio todo pasa por el tamiz de lo étnico, por cómo se concibe lo indígena, lo mestizo, y la relación entre ellos. Esto lo vemos en el papel que desempeña el sistema de cargos, concretamente en Oaxaca; mientras en la Huasteca pasa por estas comparaciones sobre si los maestros tepehuas ahora tienen actitudes similares a las de los mestizos, etcétera.

 

“No es una desigualdad a secas, sino filtrada por la dimensión étnica y por algunas instituciones de los pueblos indígenas que acentúan, matizan, contrarrestan o no, estos proceso de desigualdad”, señaló el profesor-investigador del Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana.

 

El doctor en Ciencias Antropológicas hizo hincapié en que estos procesos tienen muchos factores ambivalentes. Si décadas atrás, los estudios arrojaban un claro abuso de parte del mestizo hacia el indígena, ahora no está claro quién discrimina a quién, o quién se queda rezagado en la escala social.

 

“Por ejemplo, en Oaxaca tenemos que los migrantes trasnacionales cuando arriban a su lugar de origen, pueden discriminar, hacer una ostentación de sus recursos económicos en la construcción de sus casas, ir a los jaripeos, comprar cabezas de ganado. No obstante, también se les puede impedir que entierren a sus muertos en el cementerio o está la imposibilidad de ocupar cargos públicos.”

 

Mencionó que tal como presentó el Equipo regional Querétaro, en dicha entidad, comunidades indígenas de varios municipios que son beneficiadas con programas de apoyo, se ven en la disyuntiva de que los “mestizos” también quieren acceder a los mismos buscando su reconocimiento como “indígenas”.

 

“En algunos casos sigue la vieja distinción, la vieja fractura social de las desventajas de la población indígena, pero es más complejo. En el caso de los tepehuas, el capital educativo de los maestros les permite obtener un bien muy preciado en estos días: contar con una plaza, con un sueldo fijo, que además les proporciona un prestigio; de manera que en algunas cosas pueden equipararse a los mestizos, mas no en otras. Es bastante paradójico”.

 

Luis Reygadas Robles, quien ha coordinado varios libros sobre los efectos de la globalización en ámbitos locales, la precarización del empleo y la desigualdad en México, dijo que algunas acciones reducen la desigualdad en un sentido y la incrementan en otro.

 

Para ejemplificar lo anterior, citó que si bien el acceso a apoyos gubernamentales de cualquier tipo por parte de grupos indígenas reduce un poco su brecha de ingreso con respecto a la media nacional, genera a su vez una diferenciación dentro del mismo grupo social, entre quienes cuentan con esa ayuda y quienes no.

 

Concluyó que para los antropólogos sociales, etnógrafos y etnólogos, como analistas de estas nuevas etnicidades, esta ambigüedad es fascinante y los estudios podrán arrojar luces sobre las dimensiones simbólicas de procesos tan complejos.

Hallan especialistas una segunda subestructura en la pirámide de Kulkulcán

*** Estudios con tomografías eléctricas tridimensionales indican que la subestructura, construida entre los años 550 y 800 d.C., mediría 13 metros de alto, por 12 en dirección sur-norte y 18 en dirección este-oeste *** La confirmación geofísica tanto del cenote como de la segunda subestructura, podría guiar a futuros trabajos de exploración arqueológica para ubicar el acceso al adoratorio primigenio de la zona

Como resultado de la segunda fase del proyecto denominado Estudio de tomografía de resistividad eléctrica 3D en la pirámide de El Castillo, Chichén-Itzá, México, un grupo multidisciplinario de especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ha confirmado la existencia de una segunda subestructura en dicho monumento, edificada entre los años 550 y 800 d.C., la etapa más temprana y menos conocida de este asentamiento maya.

En conferencia de prensa, los investigadores René Chávez Segura, Gerardo Cifuentes Nava y Esteban Hernández Quintero, del Instituto de Geofísica (IGf), junto con Andrés Tejero Andrade, de la Facultad de Ingeniería (FI) de dicha casa de estudios, y la arqueóloga del INAH, Denisse Argote Espino, comentaron que los exámenes geofísicos aplicados a la también llamada Pirámide de Kukulcán, revalidan la presencia de un antiguo cenote bajo el templo, cuyo descubrimiento fue anunciado en agosto de 2015.

Los académicos de la UNAM indicaron que, al igual que en su anterior fase de trabajo, usaron una tecnología innovadora a nivel mundial desarrollada por ellos mismos, que se vale de herramientas comerciales y no invasivas de exploración geofísica somera, para colocar detectores eléctricos alrededor de la pirámide y transmitir corriente en aras de “iluminar” el interior del templo y obtener datos como la diferencia de potencial y la resistividad del subsuelo.

El análisis de los cambios en las propiedades físicas subterráneas, así como un examen en 2D desde una escalinata interna localizada arqueológicamente en 1931, les permitió trazar las dimensiones de una segunda subestructura en el costado sureste de la pirámide, que aproximadamente mediría 13 metros de alto, por 12 metros en dirección sur-norte y 18 en dirección este-oeste.

Al hablar acerca de la trascendencia de este hallazgo, la arqueóloga Denisse Argote aseveró que por medio de los nuevos datos, podrá conocerse más de la primera etapa monumental de Chichén Itzá, aquella cuando los “mayas puros”, es decir, sin contacto aún con civilizaciones extranjeras del actual centro de México, iniciaron la edificación de templos y edificios con alturas mayores a los cinco o diez metros de altura.

Al igual que otros sitios arqueológicos prehispánicos, aunó, la pirámide original y otras construcciones de la urbe, fueron cubiertas durante una segunda etapa habitacional, entre los años 800 y 1,000 d.C., y nuevamente por la tercera y actualmente visible etapa, desarrollada entre los años 1,050 y 1,300 d.C.

“Estas fases constructivas se deben a múltiples factores, desde la renovación en los grupos de poder hasta el deterioro natural de los edificios, sin embargo, los constructores se limitaban a rellenar y cubrir los templos antiguos ya que, justamente, se trataba de lugares sagrados que no podían destruirse pues eran necesarios para mantener el contacto con sus mundos espirituales”.

Otra teoría manejada por los especialistas es que, dada la mayor cercanía de esta segunda subestructura, con la ubicación del cenote en el subsuelo, los primeros habitantes de la ciudad conocían la existencia de dicho cuerpo de agua, al cual no únicamente veían como elemento clave para su subsistencia agrícola, sino como una representación cosmogónica del origen de la vida y, a la vez, del inframundo.

Los investigadores encomiaron también los logros tecnológicos y logísticos del proyecto desarrollado desde 2014 y que ha concluido con este descubrimiento; en este sentido agradecieron a los colaboradores que les permitieron desarrollar su trabajo en un área que, en promedio, recibe diariamente entre 6 mil y 10 mil visitantes.

Señalaron por último que la confirmación geofísica tanto del cenote como de la segunda subestructura, podría guiar a futuros trabajos de exploración arqueológica para ubicar el acceso al adoratorio primigenio de la zona. Una opción idónea para lograrlo, indicaron, sería estabilizar y usar el túnel abierto en 1931, con el fin de no exponer la pirámide a daño alguno.

Desastres naturales empujan a 26 millones de personas a la pobreza y provocan pérdidas por 520,000 mdd al año


MARRAKECH, 14 de noviembre de 2016 - El impacto de los desastres naturales graves equivale a una pérdida de USD 520 000 millones en el consumo mundial y empujan a unos 26 millones de personas a la pobreza cada año, según se indica en un nuevo informe del Banco Mundial y el Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación (GFDRR).

“Las conmociones climáticas de gran envergadura ponen en peligro décadas de avances en la lucha contra la pobreza”, dijo Jim Yong Kim, presidente del Grupo Banco Mundial. “Las tormentas, las inundaciones y las sequías tienen graves consecuencias humanas y económicas, y a menudo son los pobres quienes pagan el precio más alto. Generar resiliencia frente a los desastres no es solo un objetivo razonable desde el punto de vista económico, es también un imperativo moral”.

En el informe, titulado Unbreakable: Building the Resilience of the Poor in the Face of Natural Disasters (Irrompible: Generar resiliencia en los pobres frente a los desastres naturales), se advierte que los impactos humanos y económicos de los fenómenos meteorológicos extremos sobre la pobreza son mucho más devastadores de lo que se pensaba.

En los 117 países estudiados, se ha observado que el efecto sobre el bienestar (medido en términos del consumo perdido) es mayor que las pérdidas en activos. En vista de que las pérdidas provocadas por los desastres afectan de manera desproporcionada a los pobres, cuya capacidad para hacer frente a estas situaciones es limitada, en el informe se estima que el impacto sobre el bienestar en estos países equivale a pérdidas en el consumo del orden de los USD 520 000 millones al año. Esta cifra supera todas las demás estimaciones en hasta un 60 %.

Con la Vigesimosegunda Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CP22) en pleno desarrollo, las conclusiones del informe ponen de relieve la urgencia de adoptar políticas con un planteamiento inteligente respecto del clima que protejan mejor a los más vulnerables. Por lo general, los pobres están más expuestos a los peligros naturales, pierden una proporción mayor de su riqueza en estas situaciones y a menudo no pueden recurrir al apoyo de familiares, amigos, sistemas financieros ni Gobiernos.

En el informe se utiliza un nuevo método para medir los daños provocados por desastres, con el que se tiene en cuenta la disparidad de la carga que dichos fenómenos representan para los pobres. El ciclón Nargis, que azotó Myanmar en 2008, por ejemplo, forzó a casi la mitad de los agricultores pobres del país a vender activos, entre ellos tierras, para aligerar la carga de la deuda provocada por el ciclón. Las consecuencias económicas y sociales de Nargis se harán sentir durante generaciones enteras.

En el informe se evalúan, por primera vez, los beneficios de iniciativas implementadas en los países estudiados para generar resiliencia. Entre ellas se incluyen los sistemas de alerta temprana, la mejora en el acceso a servicios bancarios personales, las pólizas de seguros y los sistemas de protección social (como las transferencias de efectivo y los programas de obras públicas), elementos que podrían ayudar a las personas a responder más adecuadamente ante las crisis y a recuperarse. En el informe se señala que estas medidas combinadas permitirían a los países y las comunidades ahorrar USD 100 000 millones al año y reducir en un 20 % el impacto total de los desastres sobre el bienestar.

“Como consecuencia del cambio climático, los países enfrentan un número creciente de crisis inesperadas”, afirmó Stephane Hallegatte, economista principal de GFDRR, quien dirigió el proceso de elaboración del informe. “Los pobres necesitan protección social y financiera frente a los desastres que no pueden evitarse. Con la adopción de políticas sobre riesgos de eficacia comprobada, tenemos la oportunidad de impedir que millones de personas caigan en la pobreza”.

Los esfuerzos por generar mayor resiliencia entre los pobres ya están ganando terreno, según se muestra en el informe. Por ejemplo, a través del sistema de protección social de Kenya se proporcionaron recursos adicionales a los agricultores en situación de vulnerabilidad mucho antes de la sequía de 2015, lo que los ayudó a estar preparados y a mitigar los impactos. Asimismo, en Pakistán, después de las inundaciones sin precedentes de 2010, el Gobierno creó un programa de respuesta rápida con donaciones en efectivo que respaldó los esfuerzos de recuperación de cerca de 8 millones de personas y permitió que muchos de ellos evitaran un destino casi seguro de pobreza.

Es fundamental generar resiliencia para alcanzar los objetivos del Grupo Banco Mundial de poner fin a la pobreza mundial e impulsar la prosperidad compartida.