Queman cuadros de Picasso y Monet valuados en 130 milllones de dólares


Fue el mayor robo de arte en más de una década en Holanda: en 2012 desaparecieron de la galería Kunsthal de Rotterdam, a plena luz del día, siete cuadros de artistas de primer nivel como Picasso, Matisse y Monet.
 
Los lienzos robados tienen un valor estimado de decenas de millones de dólares si se hubieran vendido a través de un remate, pero, al parecer, su destino fue otro: el fuego. La vocera de la fiscalía de Rumania, Gabriela Chiru, reveló que están analizando las cenizas de una estufa para comprobar si se tratan de los restos de las obras de arte.
 
La sospechosa en cuestión es Olga Dogaru, la madre de Radu Dogaru, una de las tres personas que fueron encarceladas en enero acusadas del robo y que continúan en prisión. La mujer le dijo a los investigadores que sintió miedo por su hijo cuando fue detenido.

Por este motivo decidió enterrar las pinturas en una casa abandonada, y después en un cementerio de la aldea de Caracliu. Pero poco después, en febrero, la Policía comenzó a buscar en su pueblo las obras robadas, por lo cual, Dogaru las desenterró y las quemó, según publica el diario español ABC.
 
“Primero preparé el fuego en la chimenea de mi cuarto de baño. Luego fui hasta el cementerio y desenterré los cuadros, y los llevé a mi casa. Metí la bolsa en las que estaban las siete pinturas en la chimenea, puse madera, zapatos, botas de goma y esperé a que se quemaran por completo”, explicó la mujer, quien actuó así para que “los lienzos nunca se encontraran, no hubiera pruebas y los acusados no fueran condenados”.

Desde la mujer



“Mujer”, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, es una exposición sobre la mujer desde el trabajo de artistas feministas de la vanguardia artística de los años setenta. La exposición sería distinta si fuera desde la perspectiva de los hombres, este mensaje nos llega claro y alto, a los espectadores. Se entiende la importancia de la mujer en un plano activo como creadora, con un ánimo auto-identitario y performativo, que ha sabido defender su derecho a ser mujer sin imposiciones ni prejuicios.

Encontramos en la muestra, incluida en el programa de PhotoEspaña, 21 mujeres artistas, algunas de ellas muy conocidas como Esther Ferrer o Valie Export, y otras cuyo trabajo, quizás ha pasado más desapercibido hasta el momento -al menos en España- como Birgit Jungersen o Renate Bertlmann.

Sorprende el trabajo de Birgit Jungersen con sus propuestas tan directas y sutiles al cuestionar las formas de representación de la mujer en una actitud crítica. Quizá consigue este efecto al camuflarse en formatos asociados por ejemplo al género del retrato clásico  en su obra “Quiero salir de aquí”. Se refiere al mundo de la moda en “Yo con un trozo de piel”, donde una piel le oculta los ojos, y sólo puede ser observada en tanto objeto. También encontramos un humor que nos hace cómplices de la dimensión real del tema tratado, donde el tópico machista subrayado nos hace sonreír y al momento torcer el gesto para lamentarnos porque, a pesar del tiempo transcurrido de sus fotografías, sigue estando vigente.

Renate Bertlmann, artista austriaca, crea imágenes que se graban en la retina, de gran poder conceptual y potencial poético, sin dejar a un lado cierto humor ácido. Su serie de fotografías con preservativos que parecen pezones o chupetes resulta inquietantemente bella, al mismo tiempo que divertida al imaginar el proceso de las mismas y el título “Tiernos  contactos”. Algunas de sus obras están construidas en cierto modo con un lenguaje perverso o fetichista, muy bien articulado a través de cierta intuición y referentes iconográficos. La novia embarazada en silla de ruedas resulta por un lado desagradable, y por otro lado ridícula, se asemeja a alguna imagen primitiva en relación a estereotipos de la mujer, puestos en cuestión desde el feminismo.


Su originalidad  radica en que además de trabajar con la imagen femenina generada por la mujer, interpretó el papel del hombre, desmontando fronteras entre sexo y sexualidad.


Encontramos presente a la artista española Esther Ferrer con una serie fotográfica de la performance “Trois jours de la folie” en la Galería A de París. El registro de dicha acción revela cierta dimensión poética, los gestos de la artista resultan contenidos, al límite del sentido, recuerdan al yoga de manos. Nos hace sonreír, algo habitual en su trabajo, por ejemplo, donde aparece como oteando en un espejo, muy cerca del mismo, sin posibilidad de ver nada, nos devuelve un fragmento de la infancia en paralelo a algún instante de locura de búsqueda personal.


Valie Export, artista estadounidense, encontramos una fotografía de su performance más célebre y polémica, “Cine tactual”, quizás, una síntesis del significado de ir al cine para algunas personas en aquel momento, y reivindicativa de la libertad de la mujer sobre su propio cuerpo. La artista ataviada con una caja que cubre su torso desde la cabeza hasta la cintura, permite palpar con las manos, a través de un mini telón, sus pechos.

 

@VioletaNicolas

Exhiben por primera vez retrospectiva de Pissarro en España


México. Los paisajes impresionistas del destacado artista Camille Pissarro han llegado al Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, para ser parte de la primera retrospectiva en España del pintor francés, que podrá ser visitada hasta el 15 de septiembre.

 
Bajo el título Pissarro, la muestra integrada por 79 óleos, se centra en el paisaje tanto rural como urbano, género abrumadoramente dominante en la producción de Pissarro, quien nació hace 183 años que se cumplen mañana.

 
El público podrá apreciar diversas obras ordenadas cronológicamente en función de los lugares donde residió el artista impresionista y que inspiraron su pintura, entre las que destaca El bosque de Marly (1871), informó el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid en su portal en Internet.

 
Camille Pissarro vio la primera luz el 10 de julio de 1830, en Santo Tomás, Islas Vírgenes, en el seno de una familia prospera liderada por un comerciante judío.

 
A los 12 años, el joven Pissarro viajó a París para realizar sus estudios y fue ahí donde comenzó a interesarse por el arte.

 
Sin embargo, a su regreso a Santo Tomás su padre se negó rotundamente a que estudiara artes, por lo que se vio obligado a trabajar en el comercio paterno, mientras realizaba bocetos inspirados en la isla.

 
De acuerdo con el portal electrónico arteespana.com, en 1852, con 22 años y fungiendo como ayudante del pintor danés Fritz Melbye (1826-1869), Pisarro viajó a Caracas, donde creó sus primeros paisajes y escenas costumbristas.

 
Tres años más tarde, en 1855, decidido de su vocación viajó a París y estudió en la Escuela de Bellas Artes, en la Academia de Suiza y más tarde con el paisajista francés Camille Corot (1796 -1875).

 
En este periodo, el joven artista conoció a Claude Monet (1840-1926) y Armand Guillaumin (1841-1927) y frecuentó el Café Guerbois, donde se reunía un gran número de artistas y escritores para discutir ideas.

 
Tiempo después viajó a Londres, Inglaterra, donde realizó estudios con Monet sobre edificios envueltos en nieblas.

 
A su regreso a París, Pissarro decidió fundar un grupo artístico para lo que se unió con Édouard Manet (1832-1883), Claude Monet, Auguste Renoir (1841-1919), Alfred Sisley (1839-1899) y Armand Guillaumin, principales exponentes del impresionismo.

 
En esa época sus obras eran asociadas a la Escuela de Barbizon y bajo la influencia de los artistas franceses Jean-Baptiste Camille Corot (1796 -1875) y Gustave Courbet (1819-1877) pintó con una gama sobria de verdes y grises, sin embargo, con su madurez artística su paleta fue adquiriendo luminosidad.

 
Con el estallido de la Guerra Fraco-prusiana (1870-1871) viajó a Inglaterra donde permaneció un tiempo y a su regresó encontró su casa saqueada y sus pinturas destruidas.

 
Determinado a cambiar su espacio por un lugar donde se pudiera apreciar un bello paisaje, alquiló una casa en la ciudad francesa Pontosis, donde creó obras en las que la naturaleza y la vida rural predominaron.

 
Influenciado por Georges-Pierre Seurat (1859-1891) y Paul Victor Jules Signac (1863-1935), Pissarro experimentó el puntillismo, técnica que consiste en lograr las formas mediante el uso de pequeñas gotas yuxtapuestas de color. No obstante, las críticas fueron negativas y retomó el impresionismo.

 
Una enfermedad ocular que lo acechaba desde tiempo atrás lo obligó a abandonar la pintura al aire libre por lo que se trasladó a Ruán, donde se dedicó a crear escenas urbanas.

 
Luego de un tiempo en este lugar regresó a París y exhibió, en 1893, en la galería Durand-Ruel, donde los parisinos apreciaron 46 obras del artista impresionista.

 
El 12 de noviembre de 1903 Pissarro murió en Eragny-sur-Epte y al día siguiente sus restos fueron enterrados en el cementerio Père Lachaise en París, donde permanecen.

El arte… ¿a qué precio?


Parece que en nuestra época el confine que marca lo que se puede definir “arte” y lo que no lo es se vuelva cada día más sutil. Me refiero sobretodo a aquellas personas que se consideran a sí mismos artistas y utilizan elementos execrables para expresar su arte. Uno de los ejemplos más deplorables que hay hoy en día es, en mi opinión, el caso de Hermann Nitsch.

Este artista, muy a menudo, hace performances donde suele descuartizar animales vivos, invitando a las personas a mojarse de su sangre y de sus entrañas.  ¿Cómo se puede llamar todo eso arte?

Durante siglos la pintura, la escultura, el teatro han sido la expresión más alta de la creatividad y del ingenio humano, de la voluntad de sus autores de coger la belleza que los rodeaba o que tenían en su alma y, a través de los colores, del mármol, de las palabras, hacerlas realidad, dejándonos obras inmortales.

Es verdad que muchos artistas eran demasiado modernos o impactantes para sus tiempos y por eso a veces han tenido que pasar siglos después de su muerte para que su genio fuera reconocido. Un ejemplo para todos fue el grandísimo pintor italiano Michelangelo Merisi, “Caravaggio”, que utilizaba como modelos a la gente del pueblo de Roma, los más humildes y eso, para la época era algo muy revolucionario y que generó muchas criticas, – ya que era visto como obsceno por sus contemporáneos-. Hasta que los Carmelitanos de la iglesia de Santa Maria della Scala, en Roma, que le habían comisionado un cuadro que representara la muerte de la Virgen, rechazaron la obra acusando al artista de haber utilizado como modelo para la madre de Dios una prostituta ahogada en el río Tíber.

En el caso de Nitsch, es la misma comunidad artística internacional que reconoce este individuo como artista y que, en cuanto tal, su obra tenga un valor especial para la sociedad.

 
En la revista Lápiz aparece un artículo sobre Nitsch donde se declara:

Entre el ritual religioso y la fiesta pagana, Teatro… de H. N. pretende la experiencia en todos los sentidos; es un acto de comunión colectiva donde se come carne con el vino de la cosecha más reciente y se asiste, en una acción que combina la belleza con la más visceral repulsión, a la procesión, degollación y descuartizamiento de animales. La música se confunde con el grito de las bestias, el perfume de los inciensos con los olores animales.

¿Cómo puede una persona – que por ser artista debería tener una sensibilidad superior a la que tienen las personas comunes – definir como teatro los mismas cosas que pasan en un matadero?

¿A caso tiene la intención de paragonar su obra a los celebres Buey Desollado de Chaïm Soutine  y de Rembrandt?

Éstas sí se pueden llamar obras de arte porque representan la realidad filtrada de las emociones y los sentimientos del pintor y trazada sobre lienzo.

Por el contrario, el sufrimiento y la muerte de seres vivos e inocentes, hecho por voluntad de alguien que no tiene respeto por la vida,  no es arte, sino exactamente lo contrario.

Analizan pintura del siglo XVII única en su tipo



Un exhaustivo estudio de El almacén, obra pictórica considerada única en su tipo, plasmada en 16 puertas de madera de una alacena pintada por Miguel Gerónimo Zendejas en el siglo XVIII, para ornar la sala de reuniones de la Cofradía de San Nicolás Tolentino, es abordado en el libro Un almacén de secretos. Pintura, Farmacia, Ilustración: Puebla, 1797. Se trata de una pieza de gran formato que es parte de las colecciones del Museo Nacional de Historia “Castillo de Chapultepec”.

La coedición del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE), es la más reciente publicación de Lucero Enríquez Rubio, especialista en Historia del Arte, y en clavecín y música del periodo barroco, con estudios en el Bach Conservatorium de Amsterdam.

En la obra, que deriva de la tesis doctoral de la autora, “se deslindan y estudian en profundidad las múltiples posibilidades de lectura de aquel complejo artefacto icónico, así como los avatares de su existencia material a las que se vio sometido durante buena parte del siglo XX. Se trata de una investigación ubicable dentro de las nuevas tendencias de la historia del arte”, cita el especialista Fausto Ramírez en la presentación del volumen.

En 1797, un ilustrado farmacéutico y botánico poblano llamado José Ignacio Rodríguez Alconedo le encargó a uno de los artistas más prestigiosos de la ciudad (Miguel Gerónimo Zendejas) la ejecución de un excepcional artefacto funcional a la vez discursivo y simbólico, para la sala de reuniones de la Cofradía de San Nicolás Tolentino, inmueble que estuvo situado en lo que hoy es la avenida Reforma, a dos cuadras del Centro Histórico de Puebla.

“Se trata de un conjunto de lienzos ensamblados en bastidores que fungían como puertas de un gran mueble donde se guardaban los archivos de la institución. A la fecha lo que conocemos de El almacén son 12.05 metros de pintura adheridos a 16 puertas —distribuidas en tres muros que ‘envolvían’ la sala—, la mayoría de 3.20 metros de altura y anchuras variables, y más de siete postes de madera pintada, en los que hay sustitución de originales, adiciones e injertos hechos en distintos momentos.

“Definí a este género como pintura de sala corporativa, esto es el espacio en el que sesiona una autoridad con jurisdicción, que plasma en los muros su ideología y que tiene varios mensajes susceptibles de tres niveles de lectura: pública, privada e íntima; uno para el que llega de fuera y otros comprensibles para unos cuantos”, abundó la investigadora.

Lucero Enríquez resaltó que es una obra de gran riqueza plástica, ya que tiene alegorías a las artes y las ciencias, retratos y paisajes, además de microgéneros, como bodegones y representaciones sociales que recuerdan los cuadros de castas; por ejemplo, en la parte central hay una escena de la Enciclopedia Francesa pero resignificada, ya que sólo se tomaron algunas figuras y les dieron otro sentido, mientras que las ciencias se identificaron con cartelas y letreros.

Mencionó que el estudio de la obra —basado en la postura del historiador británico Michael Baxandall— responde a conocer la intencionalidad, es decir, saber el contexto bajo el cual fue hecha la pintura, los objetivos que perseguía su elaboración, así como el efecto de la emisión y recepción del discurso ahí contenido.

“El almacén entró a mi vida de una manera fortuita e inesperada, la primera vez que tuve frente a mí las 16 puertas que se encontraban en el Museo Regional de Puebla, la obra me resultó incomprensible, abrumadora y dislocada. Entre más la miraba menos la entendía. Me hipnotizó porque me intrigó, no porque me gustara”.

Respecto a la metodología empleada para describir e interpretar la obra, la historiadora del arte expuso que aplicó tres niveles de análisis: el primero fue la lectura formal valiéndose de Antonio Palomino, reconocido pintor y tratadista del siglo XVIII, “puesto que a través de su óptica describí los motivos pictóricos; el segundo se vincula con el Esquema del Conocimiento de la Enciclopedia Francesa, y finalmente procedí con la metalectura, es decir, el simbolismo y la intencionalidad”.

Dicha pintura se compone de diversas escenas: Los anfitriones, Espacio de emblemas: entre la teoría y la práctica, El gabinete, El ejercicio de la profesión, Las recreadoras del tiempo, Los peldaños del ascenso, La consigna se introduce, El mensaje estratégico, Las nobles recreadoras del espacio, La gran enemiga, Novedades y traiciones: las creaciones de natura, El arte esencial, Un mosaico social y Espacio de fe: La piscina probática.

Sobre la intencionalidad, “en El almacén se presenta tanto la postura científica e ideológica de un grupo de boticarios y cofrades ilustrados de Puebla de finales del siglo XVIII, como su estrategia a seguir en la batalla jurídica para obtener su autonomía del Real Tribunal del Protomedicato de la ciudad de México, es la vez declaración de principios y representación política expresadas en una composición pictórica, cuyo mensaje iba dirigido a un reducido grupo de enterados pares y cofrades de quien la concibió”, abundó Enríquez Rubio.

Esta obra —de la cual no se ha determinado si se hizo in situ o en otro lugar— era desconocida porque estuvo en un sitio al que tenían acceso muy pocas personas, es decir, los cofrades y los boticarios, de acuerdo con diversas fuentes se sabe que ahí vivieron éstos últimos hasta 1913; poco después el poeta José Juan Tablada (1871-1945) compró la obra y la trajo a la Ciudad de México.

Cabe señalar, que una hipótesis de este trabajo es que Tablada, al tener que huir del país por la caída de Victoriano Huerta, dejó encargada la pintura a un amigo, quien más tarde la vendió al entonces Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología, que estaba en la calle de Moneda.

Cuando parte del acervo de dicho recinto fue trasladado al Castillo de Chapultepec (1944), se llevaron la obra y la exhibieron parcialmente a manera de biombo, ya que los lienzos más maltratados se quedaron en la bodega. En 1976 se mandó a la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural, donde permaneció alrededor de una década. Cuando abrió el Museo de Tuxtla Gutiérrez (Chiapas) fue enviada a éste para exhibirla, y después al Museo Regional de Puebla.

“Como esta obra era del fondo de origen del Museo Nacional de Historia “Castillo de Chapultepec”, y el comodato se venció, este recinto la reclamó y la trajeron de vuelta. En 2006, ya con conocimiento de la pintura, asesoré el montaje completo de la pieza de gran formato, que actualmente se exhibe en la Sala 5”, concluyó la historiadora.