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Presentan el "polémico" libro “Las escuelas: desolación y encanto”

 

En el marco de las actividades del Seminario de Cultura Mexicana, corresponsalía Colima, el jueves se presentó el libro “Las escuelas: desolación y encanto”, de Juan Carlos Yáñez Velasco, profesor e investigador universitario, en el Archivo Histórico de la Universidad de Colima.

 

Al dar la bienvenida, Xóchitl Trujillo dijo que “es un gusto para la corresponsalía presentar la obra de Juan Carlos Yáñez Velasco, en la que abunda sobre la educación como parte fundamental para la vida de los seres humanos. Las escuelas, como se titula su obra, no son las estructuras físicas sino la formación humana, una actividad que la corresponsalía Colima también trata de promover y difundir”, dijo.

 

Al dar sus comentarios, el periodista Víctor de Santiago Fuentes señaló que el estilo de Juan Carlos Yáñez “es preciso y conciso: Con un estilo exento de esa parafernalia especializada, analiza y reflexiona sobre los temas relacionados con la educación, cuyas conclusiones comparto”.

 

Son doce ensayos “breves y sustanciosos precedidos por un prólogo. Es un libro necesariamente polémico e indispensable para entender lo que sucede con la educación pública en México, y en todos los países infectados por el ébola neoliberal”, dijo.

 

Enseguida, el también periodista Salvador Silva comentó que Juan Carlos Yáñez muestra que el concepto de escuela pudo haber sido distinto a lo que es ahora: “Las escuelas, más que promotoras de cambios sociales, suelen servir como reproductoras de ese mismo sistema. En su libro, el autor nos explica que la tan llevada y traída evaluación es tan efectiva como creer que con sólo tomar la temperatura a un enfermo cada dos minutos, bastará para que éste se cure”.

 

Finalmente, Juan Carlos Yáñez explicó cómo nació su libro “Las escuelas: desolación y encanto”, así como de las personas que participaron en su revisión y corrección. “La buena escuela debe ser defendida porque su existencia y estado de salud es indispensable para construir el presente y el futuro, y para dignificar el pasado”.

 

 

 

Recuperan la policromía de la Virgen de la Defensa

*** La imagen, de gran valor histórico, sirvió para llevar la fe católica a Perú y Chile  ** Restauradores de la ENCRyM restituyeron faltantes, reintegraron colores y colocaron refuerzos en el atavío de la talla perteneciente a la Catedral de Puebla

 

La Virgen de la Defensa, pieza de enorme devoción durante los siglos XVII y XVIII en la región de Puebla y Tlaxcala, de donde es la santa patrona, fue restaurada por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quienes recobraron su policromía y restituyeron algunos faltantes que perdió por el uso y el paso del tiempo.

 

La escultura, de apenas 65.5 centímetros de altura, representa la advocación de la Inmaculada Concepción y posee un gran valor histórico porque sirvió para llevar la fe católica a Perú y Chile.

 

La intervención de la imagen en madera estuvo a cargo de las restauradoras Fanny Unikel y Mercedes Murguía, responsables del Seminario Taller de Restauración de Escultura Policromada, de la Escuela Nacional de Conservación Restauración y Museografía (ENCRyM) del INAH.

 

Murguía comentó que, antes de iniciar los trabajos, a la obra se le hicieron análisis con rayos X y luz ultravioleta, entre otros, para obtener información sobre sus materiales constitutivos, técnica de manufactura y descubrir intervenciones anteriores, porque las fuentes documentales mencionan que tuvo una sola renovación en las encarnaciones. Con los estudios realizados se determinó que en diferentes épocas alcanzó a sumar hasta seis repolicromados en las manos.

 

La pieza requirió de limpieza, estabilización de algunas zonas de la policromía, reposición de un dedo faltante y de los “picos” de la luna que tiene en la parte inferior, resane y reintegración cromática en las áreas abrasionadas, toda vez que se trata de una escultura de vestir.

 

La Virgen de la Defensa, tanto por el frente como en la parte posterior, tiene una decoración con motivos florales y un cometa con su cauda en cada lado. En las esculturas de la época fue común el empleo de motivos con follajes, frutas y rameados, recordó la restauradora, pero en el caso de esta talla llama la atención la imagen celeste cuya representación no es frecuente.

 

La intervención de la escultura forma parte de un proyecto multidisciplinario encabezado por el INAH, en el que participan los doctores Patricia Díaz Cayeros y Pablo Amador, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, y la doctora Paula Mues, docente de la ENCRyM. Los tres realizan investigación histórica, iconográfica y formal de la imagen.

 

La restauradora Mercedes Murguía comentó que con base en las fuentes documentales podrían existir en el país por lo menos tres o cuatro reproducciones en madera policromada de esta escultura.

 

Destacó que el atuendo consta de una túnica del siglo XIX, que “es un trabajo muy preciosista, mas no el ajuar original”, y una cauda del siglo XVIII.

 

La asesoría para la intervención de la vestimenta estuvo a cargo del Seminario Taller de Textiles de la misma ENCRyM, donde se reforzaron seis listones y se confeccionó un vestido de lino que servirá de soporte de la túnica.

 

Los expertos ultiman los detalles de la base de la escultura con el fin de regresarla al Altar de los Reyes de la Catedral de Puebla, finalizó la experta.

Reconocen trayectoria de Pablo Ortiz Monasterio

Pablo Ortiz Monasterio (Ciudad de México, 1952) es un hombre de imágenes y de libros, y en esa medida le resulta complicado definir qué tanto de él se concentra en ellos y en qué medida, las imágenes y los libros, lo han construido a él; en todo caso no se detiene en los reconocimientos, aunque se muestra agradecido con la Medalla al Mérito Fotográfico que le otorgó el INAH, a través del Sistema Nacional de Fototecas (Sinafo).

 

De mirada inquieta y andar presuroso, Pablo Ortiz Monasterio piensa siempre en el porvenir, ahora espera con ansiedad que llegue a sus manos un ejemplar de Akadem Gorodok, editado por RM, un libro compuesto con fotografías que tomó de un centro de física nuclear, en Siberia, un sitio que hasta 1989 había permanecido vedado para cualquiera “armado” con una cámara.

 

Ortiz Monasterio fue uno de los 20 fotógrafos seleccionados para retratar espacios emblemáticos de Rusia, el suyo fue Akadem Gorodok (Ciudad Académica), un lugar “fascinante porque hasta los años 90 representaba el desarrollo tecnológico más sofisticado, el sitio más importante y más avanzado en energía nuclear”. La estética del centro quedó suspendida en el tiempo, como salida de una película sobre la Guerra Fría. 

 

El maestro de la lente fue galardonado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) con la Medalla al Mérito Fotográfico, durante el 15 Encuentro Nacional de Fototecas, que concluyó ayer en Pachuca, Hidalgo, junto con sus colegas y amigos, Lourdes Grobet y Gerardo Suter.

 

Pablo Ortiz Monasterio ve en Akadem Gorodok, en sus proyectos editoriales y fotográficos actuales, los testimonios de una trayectoria que sigue escribiéndose. Así, en su estudio, en Avenida Revolución, al sur de la capital, mientras disfruta hojear su libro La última ciudad, publicado en 1996, dice: “No hay que mirar para atrás. No hay que esperar reconocimientos, de lo que se trata es el futuro y la pregunta que me ronda constantemente es ¿qué puede hacer para que el próximo libro, las siguientes fotografías, sean mejores que lo anterior?”.

 

Entre libros de arte y un retrato de su padre (el prominente cirujano plástico Fernando Ortiz Monasterio), el destacado fotógrafo recuerda algunas anécdotas tempranas que determinaron su vocación. La primera de ellas ocurrió en la casa familiar, cuando sus papás planeaban proyecciones para mostrar las fotos que habían tomado en sus viajes.

 

“Nos iban dando cuenta de cómo paseaban, de cómo eran otras culturas y ahí aprendimos, mis hermanos y yo, que finalmente la fotografía construía todo un mundo que estaba más allá de lo que se veía en una imagen en particular. Fue ahí cuando me di cuenta de la potencia del discurso fotográfico y de cómo no sólo una imagen, sino el conjunto en un orden específico, producía sentido”.

 

A estas funciones se sumó la presencia en la biblioteca de obras como Nómada del mundo: una odisea fotográfica, de David D. Duncan, y The family of man. También, siendo joven, quedó fascinado con la imagen del fotógrafo viajero francés Bernard Plossu, quien un buen día se presentó “con dos gringas hippies, altotas, flacas, guapísimas, y dije: si eso es ser fotógrafo, yo quiero ser fotógrafo. Luego me volví fotógrafo y caí en cuenta de que no era así”.

 

De su estancia en la capital británica, en el London College of Printing, rescató el aprendizaje y la vitalidad rockanrolera de la ciudad en los 70, pero también descartó dedicarse a la “banal” fotografía de moda. Influido por el trabajo de Henri Cartier-Bresson y Manuel Álvarez Bravo, estaba más interesado en la fotografía directa. 

 

De regreso al país se toparía con el “México profundo” del que habló Guillermo Bonfil Batalla. A sus ojos de “ciudadanito de clase media del DF” se presentó “una realidad sorprendente”. 

 

Expresa que las herramientas que aprendió al estudiar Economía, construyéndose una visión política del mundo”, así como de la fotografía, “sirvieron para darme cuenta de la realidad huichol, tarahumara, huave, los mayas, porque no se trata únicamente de hacer buena foto, sino de utilizar un medio de representación para contar cosas”. A la par, con la edición de Los pueblos del viento (1982) nació su otra gran pasión: los libros.

 

Para Pablo Ortiz Monasterio, en la fotografía y en la edición de publicaciones está el arte de escoger para comunicar una idea. Así sucedió con sus imágnes sobre la Ciudad de México, una urbe que durante una década se le presentó como “un monstruo que no se estaba quieto”, hasta que entendió que no haría una descripción de ella. Su interés fue presentar la sorpresa y la energía que asalta en sus calles.

 

Sobre su faceta como fundador de espacios para la reflexión, crítica y difusión fotográficas, como el Consejo Mexicano de Fotografía —al lado de Pedro Meyer— y el Centro de la Imagen, señala que fue cuesta arriba, aprendiendo sobre la marcha en un camino que es a veces ingrato. Sin embargo, las instituciones permanecen, proyectos como la Bienal de Fotografía y el Festival Fotoseptiembre dejaron huella, y esfuerzos editoriales como la revista Luna Córnea son todo un referente.

 

Con la mirada atenta en el monitor, a la par que un cigarro se consume entre sus dedos, Pablo Ortiz Monasterio se muestra entusiasmado al hablar de sus proyectos. Además de Akadem Gorodok, ahora “esculpe” una serie fotográfica en torno a los monolitos prehispánicos como la Coatlicue, una interpretación conceptual y un homenaje muy particular a las culturas mesoamericanas.  

 

Este hombre “obsesivo de las cosas bien hechas”, por ejemplo del libro Mexico: the Revolution and Beyond —que editó y lleva impresos 100 mil ejemplares— ha ido entendiendo con el tiempo una lección que le diera don Manuel Álvarez Bravo: que para tomar una gran foto, hay que detenerse y observar.

 

“Este ejemplo ético de que para hacer mejores fotos hay que ser mejor persona, convertirse en un ser humano digno y sereno, es importante. Tener la capacidad de observar y a partir de la observación entender qué es lo importante y qué debes decir. Se dice fácil, pero cómo batalla uno con sus mezquindades…, no hay que mirar para atrás ni esperar reconocimiento”, finalizó. 

Festival de música antigua, 15 años de rescatar la cultura musical del Virreinato

*** Esta actividad anual, impulsada por el INAH, ha representado abrir los acervos del Museo Nacional del Virreinato a la investigación y la difusión de este género *** La decimoquinta edición del festival coincide con el 50 aniversario del recinto museístico

A quince años de su primera edición, el Festival de Música Antigua que se realiza en el Museo Nacional del Virreinato (MNV), en Tepotzotlán, Estado de México, se ha instituido como un espacio que contribuye a la investigación, el rescate y la difusión de la cultura musical virreinal.

 

En el marco de la segunda etapa de celebración por el 50 aniversario del MNV, la festividad musical organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que se desarrolla del 4 al 26 de octubre en su decimoquinta edición, está dedicada al Erotismo y la Espiritualidad de las aves en la Música Antigua.

 

Por el escenario instalado en el altar mayor del templo barroco de San Francisco Javier han desfilado agrupaciones y músicos destacados, tanto nacionales como extranjeros; ejemplo de ello han sido las participaciones de Horacio Franco, Lourdes Ambriz, la Orquesta Barroca de Montreal, el español Miguel Cameda o el Ensamble Música Ficta de Colombia, entre otros.

 

El festival cuenta con asesores especialistas en música antigua del INAH, del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical (Cenidim) del INBA y de la UNAM, entre otras instituciones. En esta ocasión, la asesoría corre a cargo de Manuel Mejía, profesor de la UNAM, quien propuso llevar a cabo, para el festejo del 15 aniversario, la temática de las aves y la música antigua.

 

El tema de las aves se aborda desde el punto de vista del simbolismo; aquí es donde se habla de erotismo y espiritualidad, vertientes o visiones que han tenido una larga tradición desde tiempos muy antiguos.

 

“El comportamiento de las aves, en su observación científica, y el reconocimiento de emociones o experiencias amorosas en estos comportamientos fueron reflejados por los poetas de la época medieval y del Renacimiento. O bien, los poetas místicos utilizaron a las aves para representar la búsqueda espiritual”, explicó Mejía.

 

A lo largo del festival, continuó, se contará con música representativa, donde el ser humano ha tratado de imitar los cantos de las aves o dar testimonio, en sus creaciones musicales, de la observación de los diferentes pájaros canoros.

 

Como parte de las actividades paralelas del festival, el 17 de octubre se celebrará el coloquio Erotismo y espiritualidad de las aves en el arte y la cultura, donde participarán los investigadores Carmen Elena Armijo, Iván Martínez Huerta y José Antonio Robles Cahero.

 

Sobre los 15 años de desarrollo del encuentro musical, Aurelio Tello, investigador independiente quien ha sido asesor musical del mismo, destacó que el festival ha representado, por un lado, abrir los acervos del Museo Nacional del Virreinato a la investigación. En el MNV se conservan siete libros de polifonía de la época colonial, incluyendo el Códice Franco, uno de los tesoros más espectaculares de la cultura occidental, y los Libros Cantorales, de los cuales se han tomado, en algún momento, cantos llanos de la tradición toledana, mozárabe, entre otros. “Eso no existe en otros países más que en el ámbito hispanohablante”.

 

Por otro lado, prosiguió, el invitar a musicólogos e investigadores que trabajan en ese campo ha permitido acercarse a la música de las catedrales históricas de México, a los conventos, a las misiones. El repertorio profano, muy diseminado en diferentes acervos, tuvo sus momentos en una edición del festival, lo cual ha generado una visión mucho más holística, ecuménica, de lo que fue la cultura musical en el virreinato.

 

“En ese sentido, el festival planteó retos que nos obligaron a investigar, por ejemplo, con la conmemoración del año jesuítico, qué herencia jesuítica había en la Nueva España; cuando la actividad se dedicó al Camino Real de Tierra Adentro, qué territorios tocó ese camino y en cuáles de ellos sobreviven huellas o muestras de la música virreinal.

 

“Para los investigadores nos es grato saber qué determinados trabajos de investigación iban a tener su caja de resonancia en este festival”, refirió el musicólogo, especialista en música virreinal latinoamericana.

 

Los conciertos continúan el sábado 11 de octubre con la presencia de La Dexima Mvsa. Ensamble barroco, que interpretará el programa titulado Con suaves gorjeos… Canciones y poesía erótica del Siglo de Oro. Para el domingo 12, la destacada agrupación La Fontegara, que ha colaborado con importantes solistas como Lydia Knutson o Jake Arditti, dará vida al repertorio intitulado Pájaros sonoros. Las aves en la música barroca europea.

 

El 17 de octubre se efectuará el coloquio Erotismo y espiritualidad de las aves, cuyas ponencias se llevarán a cabo de las 11:00 a las 15:00 horas, en el Refectorio del MNV. Para el sábado 18 se tiene programado un encuentro sonoro internacional, con las actuaciones de la violagambista holandesa Paulina van Laarhoven, acompañada por el iraní Mehdi Moshtagh, en el setar persa, y por el mexicano Manuel Mejía Armijo, en el laúd renacentista. Casilda Madrazo danzará en el concierto titulado La conferencia de las aves.

 

Al día siguiente (domingo 19), el Ensamble Zarahuato ofrecerá el recital Las aves a través de sus sones. Procedentes de Buenos Aires, Argentina, el grupo Capilla del Sol, Conjunto de Residentes del Museo Isaac Fernández Blanco, participará el sábado 25 con el programa A cantar todo gargüero… Villancicos de Juan de Arauxo. El festival concluirá el domingo 26 de octubre con la presencia de Cappella Barroca de México, bajo la dirección de Horacio Franco, que por primera vez en México interpretará la Gala de Ópera Barroca: Arias, Oratorios y Cantatas, ejecutada con instrumentos originales de la época.

 

Los conciertos del XV Festival de Música Antigua se realizan los sábados a las 18:00 horas y los domingos a las 13:00 horas, en el Templo de San Francisco Javier, Museo Nacional del Virreinato. Plaza Hidalgo 99, Barrio de San Marín, Tepotzotlán, Estado de México. La entrada es libre.

Una mirada al barroco mexicano abre en el museo de Cuitzeo

Compuesta por 39 fotografías de la artista mexicana Dolores Dahlhaus, la exposición Una mirada al barroco mexicano se inauguró en el Museo de la Estampa del Antiguo Convento de Santa María Magdalena, en la ciudad de Cuitzeo del Porvenir, en Michoacán.

 

Luego de su exhibición en la Galería del INAH, en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, donde pudo ser apreciada por los miles de paseantes, la muestra se presenta ahora en este espléndido conjunto arquitectónico virreinal que data del siglo XVI.

 

La exposición muestra la arquitectura, escultura y pintura de estilo barroco que se localizan en diferentes sitios de México, a través de las imágenes captadas por Dolores Dahlhaus que dan cuenta del legado artístico producido en la Nueva España.

 

La colección de fotografías de gran formato, enmarcadas en estructuras museográficas, realza la belleza de vistas panorámicas de ciudades coloniales y revela  detalles apenas perceptibles de fachadas, retablos, esculturas doradas y estofadas de distintos tamaños, así como de escultura y pinturas barrocas.

 

La doctora María del Consuelo Maquívar, investigadora emérita del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), realizó la curaduría de la muestra y seleccionó, junto con la autora, imágenes de obras de los siglos XVII y XVIII, sobre todo de arquitectura, para integrar la exposición.

 

Algunos ejemplos son: el Santuario de Ocotlán, de Tlaxcala; la iglesia de la Enseñanza, de la Ciudad de México; la Catedral y el Museo de Guadalupe, de Zacatecas; el Templo de la Valenciana, de Guanajuato; y el Museo Nacional del Virreinato, de Tepotzotlán, Estado de México.

 

El esplendor artístico del barroco sucedió a la época renacentista del siglo XVI. De España llegaron los modelos aprovechados por los artistas de la naciente sociedad novohispana. Durante los siglos XVII y XVIII, indios y españoles, mestizos y criollos, construyeron y ornamentaron los monumentos que hoy causan admiración.

 

Caracterizado por su profusa decoración, el estilo barroco se puede contemplar en las fachadas del siglo XVII, con sus columnas salomónicas retorcidas cubiertas de vides y hojarasca, en tanto que en la centuria siguiente predominó la pilastra estípite, con sus cubos y formas piramidales ornamentadas.

 

Muchos recintos religiosos aún conservan lienzos pintados con escenas de la vida de Jesucristo y la Virgen María, así como retablos dorados que lucen pletóricos de imágenes de ángeles y santos.

 

Una mirada al barroco mexicano muestra “el patrimonio riquísimo que hay en el país, el arte de dicho periodo es muy rico en la ornamentación, destacando particularmente la iconografía religiosa de iglesias y conventos, aunque también hubo construcciones civiles barrocas extraordinarias”, señaló María del Consuelo Maquívar.

 

La especialista abundó sobre las características del barroco mexicano, que se originó con las escuelas y talleres establecidos por los misioneros para adiestrar la mano indígena. “Era mano de obra muy buena, cuya calidad era reconocida por los cronistas españoles. Creo que ésta fue la gran aportación del barroco que se desarrolló en la Nueva España. Además, los españoles también aprendieron de los indígenas la técnica de pasta de caña y el arte de la plumaria que trasladaron a Europa”.

 

La exposición estará en el Museo de la Estampa del Antiguo Convento de Santa María Magdalena hasta marzo de 2015. El recinto se ubica en calle Morelos 20 Sur, en el centro de la ciudad de Cuitzeo del Porvenir, Michoacán. Abierto de martes a domingo, de 9:00 a 17:00 horas.